Entra una pareja de gringos, miran la carta, se miran entre ellos y señalan con el dedo lo que sea que tenga foto. Piden lo seguro, lo más barato, se comen la mitad y no vuelven.
No es que no les gustara. Es que no entendieron, y nadie pide un plato de $60.000 que no entiende.
Primero: ¿te aplica a ti?
No a todos. La pregunta no es el tamaño del negocio, es la cuadra.
Vale la pena si estás:
- En un centro histórico o zona colonial — Cartagena, Santa Marta, Villa de Leyva, Popayán.
- En una zona de hoteles, hostales o Airbnb.
- En los sectores donde se concentra el turismo de las ciudades grandes: El Poblado y Laureles en Medellín, la Candelaria y la Zona T en Bogotá, Granada en Cali.
- Cerca de un aeropuerto o terminal.
No vale la pena si tu gente es del barrio y en un año no ha entrado un extranjero. En ese caso, el esfuerzo rinde más en las fotos de los platos.
La regla que casi todos rompen
El nombre del plato no se traduce. Lo que se traduce es la explicación.
Un turista no viene a comerse un beef and beans platter. Viene a comerse una bandeja paisa, y quiere decir el nombre. Cuando traduces el nombre, le quitas justo lo que vino a buscar y además lo dejas sin poder pedirlo en voz alta.
| Mal | Bien |
|---|---|
| Beef and beans platter | Bandeja paisa — beans, rice, ground beef, chicharrón, fried egg, plantain, arepa, avocado |
| Corn dough pocket | Arepa de queso — grilled corn cake with melted cheese |
| Fish soup | Cazuela de mariscos — creamy seafood stew with coconut milk |
| Colombian hot dog | Perro caliente — hot dog with cheese, crushed potato chips and pineapple sauce |
Lo mismo con ajiaco, sancocho, lechona, mote de queso, changua. El nombre queda; debajo, en inglés, qué trae.
Spicy, pork y raw. Picante, cerdo y crudo son las tres cosas por las que un extranjero devuelve un plato, y las tres que nadie se acuerda de avisar. Con marcarlas te ahorras la mayoría de los problemas en mesa.
Lo que Google Translate hace mal
Sirve para salir del paso, pero si vas a imprimir, ten cuidado con esto:
- Traduce los nombres propios. «Bandeja paisa» te la vuelve algo sin sentido.
- Se equivoca con los cortes de carne. Punta de anca, sobrebarriga, lomo fino y costilla no tienen equivalente directo, y lo que sale confunde más de lo que ayuda.
- No sabe de ingredientes locales. Guanábana, lulo, curuba, borojó, chontaduro, panela. La mitad no tiene traducción y la otra mitad sale como algo que no es.
- Suena a máquina. Frases correctas pero raras. Y esa carta la lee justo el cliente que más gasta.
La forma correcta: traduce las explicaciones, deja los nombres, y revisa las palabras de comida con alguien que hable inglés de verdad. Una tarde, una vez.
Lo que se gana, en plata
Dos cosas concretas:
- Sube el ticket. El turista que entiende la carta pide entrada, plato fuerte y bebida. El que no entiende pide un plato y agua.
- Sube la reseña. «They even had an English menu» aparece en las reseñas de Google y TripAdvisor más de lo que uno cree, y esas reseñas son las que trae al siguiente.
Y una cosa que no es plata pero pesa: tu mesero deja de ser traductor. Deja de gastar cinco minutos por mesa explicando con las manos qué es el chicharrón.
En OnderaAI la carta sale en cinco idiomas automáticamente — el cliente cambia el idioma desde su propio celular, sin que tú tengas que mantener cinco cartas ni imprimir nada. Los nombres de los platos se quedan como los escribiste; lo que se traduce son las descripciones. Y no cuesta extra: va incluido también en el plan gratis.
Qué hacer, en orden
- Revisa la cuadra. Si no entran extranjeros, para aquí.
- Traduce solo lo que vendes más: los doce platos principales. No la carta entera de entrada.
- Marca spicy, pork y raw.
- Que lo lea alguien que hable inglés antes de que lo lea un cliente.
Si vas a hacerlo en papel, ten en cuenta que cada cambio de precio te obliga a reimprimir dos cartas en vez de una. Esa cuenta está completa en cuánto cuesta de verdad un menú QR en Colombia.
